viernes, 15 de junio de 2012

El sol cae sobre el Pacífico

Hay una postal que es casi imposible de lograr en Argentina, la del sol poniendose tras el mar. Dicen que en Claromecó, cerca de Reta, puede verse esa imagen. Son las seis de la tarde, y el avión hace una curva a la vez que toma altura, ni bien ha despegado de Trujillo. Por la ventanilla veo el inmenso Pacífico y una bola naranja que comienza a descender sobre el oceano. Ví esta imagen muchas veces, muchos viernes, volviendo a Lima para descanzar o de paso rumbo a Rosario. El ritual comenzaba mucho antes, saliamos de Chimbote, pasabamos por Coishco, Santa, Chao, Virú, Pueblo Moche, por la puerta de ingreso a las ruinas de Chan Chan y finalmente el aeropuerto de Trujillo. Una hora de espera, la cola, subir al avión, los avisos de precaución y una vez que la máquina tomaba vuelo, el inmenso Pacífico y la bola de fuego. Extraño esa postal en movimiento, ese momento tan privado y tan hermoso. 
Atardecer Aéreo

Cenabamos con mi amigo, tomabamos un vino y nos poniamos al día. Él me contaba su paso por Roma, sus días en el Vaticano y me describía la misma sensación que siento a menudo: la que producen las experiencias solitarias, esa necesidad insatisfecha de querer compartir un instante particular. Los dos coincidimos en una frase "si me vieran en este momento, en este lugar, como quisiera tener a alguien al lado para compartirlo!". 


¿Será que la soledad es inevitable? Porque el atardecer en el Pacífico es un momento que se repite a diario y la Capilla Sixtina hace seiscientos años que está ahí esperando nuestra visita, pero hay un lugar en nuestro interior al que no se llega caminando. Y si hay un lugar desconocido será que habrá también algo incomprendido. Ayer ví una película de Woody Allen, Los Secretos de Harry, y termina con una frase maravillosa: "Todo el mundo ve la misma realidad, cada uno elige como distorsionarla". ´

Porque el sol se oculta todos los días detrás del Pacífico pero uno decide si es romántico o deprimente, y estará quien nos recuerde que el sol no se oculta, es la tierra que gira sobre su eje, maldita sea. 
No tiene uno que ir al desierto para estar solo. Basta con levantar la vista y comprender que se está rodeado de extraños, que las personas que nos tratan a diario, aún las más cercanas, poseen apenas un poco de información, de que se trata esto que somos, pensamos y hemos vivido.

martes, 5 de junio de 2012

Palabras son amores y no buenas razones

Sábado 20 hs. aproximadamente. El sol ha caído sobre la ciudad, al menos sobre esta parte de la ciudad que es la zona norte, pegadiza al río Paraná, en donde el sol tarda un poco más en decir hasta mañana.
Somos varios varones, conversamos en una fiestita de cumpleaños, las mujeres están, pero conversan sobre sus cosas, el frío de afuera nos invita a la cercanía, al calor de la amistad.
De pronto, un comentario de esos que surgen cuando se habla de todo y de nada, acerca de una inscripción en una revista literaria y de la cantidad de gente que puede seguirla o no, del tipo de alcance que tiene y de la forma en que se escribe a un determinado público, de como es necesaria una forma para llegar al público deseado y de si hay manera de llegar a todos, etc., etc; destapa una frase dicha por mí medio en serio, medio en broma, (como casi todo lo que digo):
"La convencionalidad del lenguaje hace necesaria una forma específica y común que conecte a los interlocutores"
Me miran asombrados, Marquitos, ya es Marcos, padre de dos hermosas niñas, pero es como el hermanito que será siempre hermanito, Marcos es Marquitos; él se me queda con dos ojos grandes a mi lado sin pestañear, los demás también.
Silencio. Puedo palpar en ese microsegundo de tiempo que en el aire flota un deseo, que sigue.
Ya no recuerdo que sigue. un chiste tonto, una boludez dicha para salir al paso. Y vuelve a pasar una vez más eso que tantas veces siento en mi interior.
Le digo a Marquitos, casi como defendiendo mi cobardía: "Que, esperabas más"
Luego de algunas risas, de bromas de paso y de comentarios intentando mantener el tema que ya no daba para más, todo siguió, creo que hacia el lado de las herramientas y de como usar una soldadora.
Como expresar lo que se siente en el interior. A veces es tan difícil que las palabras se quedan a mitad de camino. Y creo que no es algo que solo me pasa a mí.
Como decir que es necesario siempre un nexo entre dos personas para que sea posible el lenguaje, la atracción, el diálogo amoroso. Y más que eso, porque el asunto es encontrar un nexo que sea asequible a todos. Cuando es tan cierto que entre los hombres siempre los convencionalismos son provisorios, son reducidos y no llegan a todos, y que por eso es imposible una palabra, un texto, una forma de decir que alcance al corazón de todos los hombres; y digo todos los hombres pensando en los grandes, en los chicos, en las mujeres y en los varones, en los que aman y en los que odian, en quienes sufren y en quienes se alegran, todos. 
Como digo que yo conozco un lenguaje que es universal y que llega al centro de atracción de todo corazón, y que es palabra que busca, que sale al encuentro y que conquista. Es una forma específica y común a todos los deseos de todos los hombres de todos los tiempos, y yo, ¡Yo!; con toda mi pobreza, la conozco y la amo.
Como decir eso en una nochecita de sábado, entre empanaditas riquísimas y cerveza bien fría, en la amenidad de una charla que tiene un hondo deseo de fútbol (Porque está jugando la selección y en cualquier momento alguno va a pedir verlo).
Mejor hago un chiste.
Creo que cuando esta Palabra sea toda una en mi vida, tal vez, quizás, me anime a seguir el discurso. Pero ya no será necesario el discurso, porque el nexo más hondo es el del amor, allí donde se encuentran los corazones.

martes, 22 de mayo de 2012

Pildoras de la actualidad

Caminando al azar llego hasta la puerta del super del barrio.
Un tablón, dos caballetes y un joven que ofrece un amplio catálogo de películas truchas.
Frente a él, una oficial del comando radioeléctrico. Conversan amigables.
¿Será esta una señal de que hay causas que están perdidas?

Converso con un empresario pyme. Este país no tiene solución, dice. Me piden una contribución para devolverme el dinero que me deben, se explaya.
¿Señal de que hay cosas que nunca cambian?

Gran debate sobre la industria nacional. Toma la palabra un empresario pyme. Largo discurso de lugares comunes: el Estado nunca nos ayuda, las grandes empresas nos explotan, somos la variable de ajuste, etcetera. Otro empresario lo interrumpe. ¿Vos participas de la cámara empresaria? ¿Donde estabas cuando presentabamos los problemas? Vos haces la fácil, tiras la bomba y te vas. Lo liquidó en seco.
¿Señal de que hay que comprometerse?

martes, 10 de abril de 2012

combate

Combate

Sacando chispas en el suelo los cuchillos se apresuraron a tomar la retaguardia, cada uno con sus puntas dirigidas hacia la puerta, atentos, nerviosos, brillando en cada movimiento.

La tropa de tenedores avanzaba lentamente, mirando con sus tres púas, siguiendo al gran cucharón que llevaba la delantera.

Detrás, expectantes, el equipo de artillería pesada esperaba, las ollas listas para lanzar su fuego, las sartenes dispuestas a dar el salto y la batería de vasos, jarras y jarritas que se alistaron por el frente del este.

Al toque de la pava comenzó el avance, cucharas y cucharitas enfilaron hacia el enemigo.

Majestuosa, imponente, desde la altura del puesto principal, en la mesada, la temible cuchilla mira con ojos acerados a su ejército. lo acompañan sus colaboradores, el astuto rallador, un sabio colador y un audaz abrelatas.

- La victoria es segura – meditaba - la cocina será nuestra, tanto brillo es imposible de vencer.

Silenciosamente en el extremo norte, casi sin que se vea, estaba allí el detergente.

- Creen que podrán conmigo – En su indignación recordó la treta del general cuchilla, el veneno mortal, la muerte de todo su ejército de esponjas.

- Creen que estoy muerto, que me voy a rendir – y reía por dentro, mirando de reojo su arma letal.

Asomaba detrás suyo el imán.

lunes, 2 de abril de 2012

Oscar

Qué tienen que ver el Sydney Opera House con un barrilete volando sobre el Parque Independencia? ¿Qué conexión existe entre una noche de 1978 y la ridícula superstición de un chico que reza durante los partidos? Todo esto tiene explicación, una explicación simple e importante a la vez, al menos para quien escribe esto.


Primero iré a 1978. En aquella época yo tenía 5 años y el recuerdo que tengo se sitúa en la pieza de mis viejos. Mi tío Oscar estaba por emprender un viaje, un viaje muy largo. Recuerdo que envolvían en papel de diario cosas que él se llevaba: se me ocurre que eran discos. Me veo jugando en el piso de parquet con unas monedas mientras en la puerta todos se despiden y alguien que me aclara que ese no es un viaje cualquiera, que al tío Oscar no lo veré por mucho tiempo.Mi tío se fue a vivir a Australia en 1978. Se fue pero no por cuestiones políticas, me animo a decir que por cuestiones sociales, porque no supo, no pudo adaptarse a las exigencias que tenía acá. Se fue a Australia recurriendo a una solución drástica: allá sería distinto, arrancaría de cero, sería una nueva historia. Mi tío se fue y pronto llegaron sus noticias, sus cartas, sus nuevos empleos, sus nuevos amigos.


Yo era parte de lo más querido por él: sus sobrinos. Siempre nos tuvo presentes. Llegó un época en que las cartas fueron reemplazadas por las llamadas telefónicas. En algún momento del anochecer del domingo alguien gritaba "el tío Oscar!!!" y sabíamos que él estaba al teléfono. Hablábamos, nos contábamos nuestra vida y siempre era fácil hablar de futbol, de Newell´s. ¿Cómo salió Newell´s? Sí, me enteré, vi los goles, ¿quién es el nuevo técnico?


Newell´s, el calor de Australia, los problemas políticos o económicos de Argentina, los canguros, el Opera House, la encomienda que nos mandó con un amigo que viajaba para Rosario. Sus regalos, nuestros regalos. Le mandábamos los Gráficos, cassettes de Goyeneche aunque a él le gustaba Julio Sosa o yerba mate hasta que fue un problema pasarla por la aduana.


Cuando yo era chico rezaba en la cancha. Cada vez que el rival avanzaba yo rezaba ave marías. El resultado de mis plegarias era por lo menos confuso, a veces daba gran resultado pero otras no tanto. Un día llegué a la conclusión de que todos los clubes debían tener oradores como yo, ¿sería por eso que existían los empates, sería que cuando Ñuls perdía había en la tribuna de enfrente orantes más devotos?. Un día decidí dejar esa práctica, resolví reservar mis oraciones para cuestiones más importantes. Pero a Ñuls le siguió yendo bien, tal vez como un premio del Señor a mi razonabilidad.


El tipo que vistió más veces la rojinegra fue Gerardo Daniel Martino y me animo a decir que su peor día en Ñuls fue la semana que siguió a aquel domingo en que le hizo 2 goles a Boca en la Bombonera. Es hincha de de Central dijo algún estúpido, fueron para atrás lanzó otro. Alguno habló de que rompieron los carnets. Ese día fue la única vez que fui a la cancha un domingo a la mañana. No sé por qué, pero el partido estaba fijado para las 11. El día comenzó con aire de fiesta y me quedó grabada la imagen de los barriletes volando sobre la cancha. Dos horas más tarde el Tata era entregado al patíbulo: traidor gritaban los pechos fríos y yo hacía mi más honorable juramento futbolero: el Tata jamás sería un traidor para mi, sería mi máximo ídolo futbolístico de ahí y para siempre.


Miles de años después, una puta mañana de abril me anoticié acerca de la muerte de mi tío. Lloré un poco y acá rato lo hago, pero era domingo y jugaba Newell´s y cuando me encontré en mi platea, frente al campo de juego, miré al cielo y rompí una promesa: le pedí a Dios que ese día Ñuls ganara. Volví a rezar como lo hacía cuando era chico. Pero luego comprendí que no sería necesario. Caminando hacia el banco de suplentes iba el Tata, con el brazo en alto agradeciendo la ovación de muchos que miles de años atrás lo habían llamado traidor. Ñubels ganó 2 a 0, miré otra vez al cielo pensé en el tío Oscar. Esa noche nadie llamaría desde Australia pero él estaría festejando. Supongo que no fue tanto mi oración la que influyó en el resultado, seguramente tuvo más que ver con la decisión de un tipo que quiso volver a su casa, a su lugar, a ser lo que siempre había sido: un leal a los afectos.


Pienso que ahora en algún suburbio de Sydney alguien junta las pertenencias de mi tío. Eso que queda cuando uno se muere, ¿servirá como síntesis de lo que hicimos, de lo que nos importó en la vida? Seguramente estarán todas las fotos que le mandamos, los Gráficos, el cassette de Landrisina que le grabé y la camiseta Luanvi que compró la última vez que estuvo en Rosario. Mi tío se fue a vivir a Australia y allá hizo una nueva vida, la prueba está en los grandiosos amigos que lo cuidaron hasta lo último.


lunes, 19 de marzo de 2012

Lunes sin filtro

A veces el fastidio puede conmigo. Me transformo en un ser implacable. Me molesta feisbuc, me molesta la cultura feisbuc, los tipos que publican fotos de animales inválidos, pero no una, un millón. Me cansan los golpes bajos, hace unos años eran en forma de cadena de mails, ahora son publicaciones en el muro: la nena con cancer también es una princesita, esto es lo que pasa con los delfines que se tragan bolsas en el mar y cosas por el estilo... 

Se me ocurre que hay una clase de personas así, hay un estereotipo, no? Me animo a arriesgar que muchos son mujeres de treinta y pico que no han encontrado el amor. Tanto afecto canalizado hacia los animales es síntoma de que no ha habido una instancia superior donde depositarlo, es decir, en seres humanos. Son tías, ese el título. Caen en el pelotero solas, sin hijos y ayudan con la cocina, se llevan a los chicos al cine y protegen a los delfines.

Y tienen un costado oriental. Lo básico, lo que a ninguna les falta, es el sahumerio. Y pueden que pinten mándalas y con certeza leen a Osho, al Sai Baba y a Paulo Coelho, que no es oriental pero piensa como ellos.

Los otros que me molestan son los antikirchneristas explícitos. Debo decir que respeto fervientemente a mis amigos antikirchneristas, mucho más de lo que ellos imaginan. No hablo de ellos, que son muy medidos y saben que pueden herirme con sus palabras y por eso cuidan mucho lo que dicen y como lo dicen. No. Hablo de otros antikirchneristas, que parecen mayoria: son los anti-k explícitos. Militantes. Parten de la suposición de que ninguno de los presentes, nadie que los oiga, nadie que los lea, es kirchnerista. Eso es imposible, primero porque nadie en su sano juicio puede estar de acuerdo con la Yegua y, aún asumiendo que haya algunos pocos, nunca estará presente en los lugares que el antik frecuenta, porque el kirchnerista es básicamente un piquetero, un vago que se distingue en forma visual, un morocho con un alto grado de sobrepeso, que no sabe leer y logra todo de forma prepotente.

Me revienta. Me revienta que de pronto un tipo al lado mío comience a hablar de la Yegua asumiendo la supuesta intimidad de los que piensan igual. Me habla en confianza, me mira a los ojos e insulta y me insulta en forma explícita sin saberlo. Porque para él el kirchnerismo es la síntesis de los problemas de este país: son los que han creado una generación de vagos que viven de corruptos, autoritarios montoneros que no dejan de censurar a Alberto Fernandez en C5N.

Debo admitir que es muy probable que yo esté equivocado, que haya creído en una mentira. La estadística así lo demuestra desde 1983: los votantes de Alfonsín, Menem y De La Rua lo confirman. Todos los presidentes ganaron con aplastante mayoría y nadie los votó. Asumo eso, debo estar equivocado. Pero no tolero, no soporto, la prepotencia, la falta de respeto, la imposibilidad de disenso que el anti-k explícito me impone.

Viejo, soy tu amigo, la reconcha de tu madre. Dejame pensar distinto. No se te ocurrió considerar que si un tipo como yo piensa así tal vez, tal vez en una posibilidad en un millón, haya algo de verdad?

sábado, 10 de marzo de 2012

El trámite

Es producto de mi imaginación. Estoy en la plaza O´Higgins. Es mucho más que la media noche. Es el momento en que la calle parece el interior de un lugar. Percibo la tensión del evento inminente. Me siento en un banco, por Castro Barros. A mi espalda la iglesia, frente a mi la Aristóbulo. Para un auto, desde el interior surge una voz. Vení. Me subo y el auto se pone en marcha. Llegamos a un bar, puede ser el bar Mariela o el Nuevo Piave. Contramano no es, Contramano es muy blanco y en este lugar no hay demasiada luz. Un televisor colgado de la pared flashea imágenes. Hay varias personas, algunas sentadas otras van y vienen. Sentate me dicen. Tomo un sorbo de una cerveza casi al natural, un asco. Observo que el televisor pasa videos musicales. Mi maestra de tercer grado se sienta frente a mi, a su izquierda se ubica una chica de unos catorce años de cara triste y al otro lado un tipo de camisa celeste. Por qué me pregunta la señorita Ramonita, por qué. Le digo que no comprendo a que se refiere, por qué me repite ella. La chica comienza a llorar en silencio y Ramona vuelve a interrogarme. El tipo podría ser chofer del 200 o de la C. La chica me mira y me dice que yo era cruel. Ramona se levanta y se aleja unos metros, como reflexionando cual será su próximo paso. La gente que va y viene me resulta conocida, algunos son amigos, parientes, me miran de reojo, los veo preocupados. De repente el bar se transforma en el sotano de la casona de la calle Arijón. Hay una lámpara verde que solo ilumina al tipo que tengo enfrente. No hay más muebles que las sillas en las que el tipo y yo estamos sentados. La escena parece la de un interrogatorio, el tipo pronuncia mi apellido. Sabés por qué estás acá pibe? No sabés. Te lo voy a explicar, antes de irte tenes que pensar en lo que hiciste mal, porque te equivocaste, viste? Es simple…pensá en lo que hiciste…y te vas.
Me despierto. Estoy empapado de sudor. La habitación es inmaculada. Voy al baño y busco el espejo. Tengo 80 años y una bata que deja mi culo al aire. Yo no soy ese anciano desafeitado, no. Yo soy el pibe que le pegó el chicle a la rubia que se sentaba adelante. Soy el adolescente pelotudo que le dijo algo a Fabiana cuando estábamos en segundo, no recuerdo que fue pero lastimaba. Yo puedo correr 6 kilometros, 10 kilometros si empiezo a entrenar. Yo no soy ese anciano que tiene que irse.
Pero,¿quien carajo era el tipo de camisa celeste?