martes, 20 de septiembre de 2011

LA MEJOR CEPA FUTBOLERA

Cuenta Guillermo Orozco Gómez en su artículo “De las disciplinas a los saberes” que la industria del vino norteamericana (californiana) había logrado un desarrollo tan importante allá por los 50 que la calidad de sus vinos podía perfectamente competir en el mercado con los producidos en las tradicionales bodegas francesas como Laffitte o Beaujolais. La dificultad que encontraban para disputar un lugar de privilegio en el mercado eran los nombres propios de las casas galas, vinculadas a castillos medievales y aristocracias europeas. Cuenta Orozco Gómez que la batalla fue librada con astucia, que los americanos inventaron una nueva forma de nomenclar los vinos: los varietales. A partir de esta movida los vinos empezaron a ser conocidos (y valorados) por el tipo de uva con que estaban producidos. Las viejas bodegas europeas se vieron forzadas a explicitar qué cortes integraban la mezcla de sus productos y ya la mística, la tradición y el abolengo dejaron de pesar tanto como la calidad del producto. Fue un gran paso para la industria californiana, pero también para la industria del vino.
¿Y qué tiene que ver esto con el fútbol?

La mirada preponderante del fútbol argentino está centrada en una categoría nobiliaria que tiene poco o ningún correlato en el desarrollo de ese juego tan hermoso que conocemos como fútbol.

El cristal a través del que se mira el deporte más popular de la argentina está relacionado con la pertenencia o no a "los 5 grandes". Filtrado por esta nomenclatura histórica el ojo periodístico examina los equipos con un aprecio o un desprecio diferenciado. Los cinco grandes tienen periodistas y espacios dedicados especialmente a reportar su actualidad. Cualquier acontecimiento que los involucre es inmediatamente considerado noticia prioritaria.

Los cinco grandes se han convertido en el mojón, el fútbol patrón. Esta aseveración llegó a su paroxismo con el artículo de Víctor Hugo en el último número de Un Caño, en la que explicó que creemos que el fútbol argentino anda mal porque los 5 grandes andan mal pero que esta es una situación que ya se va a "solucionar". Sin explicar porqué él cree que es un problema par el fútbol que los 5 grandes anden mal, si Vélez, Lanus, Estudiantes y Godoy Cruz nos brindan bellísimos espectáculos cada fin de semana.

El periodismo argentino (y todos los que vemos la realidad filtrada por ese cristal) está embobado siguiendo a un conjunto que juega en la B, segunda categoría del fútbol argentino. Que juega en la B porque juega mal al fútbol. Que juega en la B porque durante 3 años se encargó de demostrar que su fútbol no tenía la calidad suficiente para jugar entre los 20 mejores equipos del país.

También nos tienen embobados hablando de un equipo que (con una única y sospechosa excepción) hace 50 años que no gana un campeonato nacional.

También nos tienen atentos a un equipo que no ganó jamás una Copa Libertadores.

Más del 50% del tiempo y espacio periodístico que se le dedica al fútbol argentino está destinado a hablar de equipos que, en conjunto, hace cinco campeonatos que no dan la vuelta (ni están en los tres primeros puestos) y han estado mucho más fuera que dentro de la participación internacional en la última década.

Fútbol para todos, una empresa del estado, está dedicada a mimar a los 5 grandes. Transmitiendo con obscenas diferencias técnicas a equipos con inversa proporción de buen fútbol. River va por HD, Lanús con tres cámaras.

“Los 5 grandes” es una marca registrada, creada a principios del siglo pasado y que fue repetida, ampliada y multiplicada por la oportuna creación de las cadenas nacionales de radio, que llevaron el relato de los partidos de los clubes porteños a cada rincón del país. Hoy “los 5 grandes” es una manera de mirar el fútbol, una vez más, repetida y alimentada por los medios porteños de comunicación (mal llamados nacionales) y ampliada hasta el hartazgo por la gran cadena nacional del FPT.

“Los 5 grandes” es un mapa, es un modelo de interpretación. El fútbol hoy se mira con este cristal que deforma hacia los blasones nobiliarios y el abolengo, pero que aleja la mirada del juego-deporte fútbol.

¿No es hora de empezara a cambiar la nomenclatura?

Es hora de hablar de los equipos buenos, de los que juegan bien al fútbol. De los jugadores buenos, vistan la camiseta que vistan. (Carlos Sanchez, por caso, tuvo que descender de categoría para empezar a ser nombrado con cierta asiduidad) De las grandes instituciones, que tienen grandes superávits que reinvierten en fútbol y en sus socios. De las divisiones inferiores más fructíferas.

Éstas deben ser las nuevas coordenadas del fútbol argentino. Éste debe ser el cambio de mirada del periodismo deportivo nacional.

El ranking podría (como un criterio apenas tentativo) estar definido por la tabla de promedios (que por fin tendría alguna utilidad positiva). Hoy los cinco grandes serían Vélez, Estudiantes, Lanús, Argentinos y Godoy Cruz (obviando a Rafaela y Belgrano que tienen apenas 7 partidos en primera) Hacia estos cinco equipos deberían estar dirigidos los mimos, para estos cinco las transmisiones en HD, los horarios centrales y dos hombres en campo; periodista dedicado en cada programa de TV y radio siguiendo los entrenamientos, tapa del gráfico y nota con banderín en la revista Un Caño.

Y si otro equipo quisiera estos favores, ya sabría cómo y dónde ganarlos: en la cancha y jugando bien al fútbol.

O podemos seguir diciendo que todo es culpa de Grondona, y seguir babeándonos por un nuevo pase en profunidad del “Chori” Dominguez en el partido frente a Guillermo Brown de Puerto Madryn.

Juan Ignacio Isern

lunes, 12 de septiembre de 2011

De hombres y deshidratación

Hace ciento noventa y cinco años José de San Martín cruzaba los Andes. Esa frase es síntesis de un concepto colectivo para los argentinos. Hemos acordado en el cruce de los Andes el símbolo de la libertad. Hemos acordado que ese hombre es la síntesis del patriota. Hemos convenido en que el cruce de los Andes fue el paso decisivo de nuestra libertad.

Pero en aquellos años la cosa no debe haber estado tan clara. Los personajes habrán sido diversos, muchos, los eventos que irían marcando el camino de la historia se habrán presentado confusos. La Primera Junta solo fue “primera” cuando hubo una segunda (como la Primera Guerra Mundial se llamó “la gran guerra” hasta que hubo una segunda), la declaración de la Independencia habrá tomado peso propio luego de que San Martín llegara a Santiago, a Lima, que O´Higgins se le acoplara, que Belgrano tomara las armas.

Hemos realizado una síntesis: San Martín es el padre de la Patria. En esa frase, en menos de 10 palabras, hemos resumido la historia de un país, de millones de hombres, de miles de ideas acerca de la patria, de que es la libertad… Y en la síntesis, en la simplificación se tuvo que sacrificar la precisión, no es posible sintetizar, resumir, sin amputar. Simplificar es tomar la decisión de qué partes quedarán fuera del cuadro y en ese trabajo necesariamente nos hemos apartado de la verdad, de la verdad plena, nos hemos quedado con porciones de la verdad, que no son la verdad misma, porque no es total.

Quién habrá sido realmente San Martin? Quién habrá sido ese hombre? Qué historia nos hubiera contado José si hubiera tenido la posibilidad? La síntesis que le aplicaron habrá sido justa? Habrá logrado resumir la esencia de ese hombre?

Mucho más difícil será responder ese tipo de preguntas si las aplicamos a un hombre que vivió unos mil ochocientos años antes que José. Un hombre que solo tuvo 3 años de vida pública.
Pero en este caso la Fe vendrá a responder a nuestras dudas. La Fe tenderá inmensos puentes antes las inestimables lagunas que separan nuestros días de aquellos 3 años en una aldea en el extremo de un imperio del que solo quedan ruinas de su capital.

Habrá sido fiel esa Fe? (esa pregunta carece de Fe…)

Y si es, por lo menos para mí, inquietante todo esto, mucho más inquietante resulta pensar en las cosas que le hemos hecho decir a San Martin, a Cristo y a tantos otros en su ausencia. Podríamos expresar, intentando ser didácticos, que hemos tomado a esos hombres primeramente para resumirlos, para deshidratarlos a su mínima expresión. Necesitamos sintetizarlos en una frase que entre en un sobre de azúcar: ama a tu prójimo como a ti mismo, serás lo que debas ser o no serás nada. Y luego, una vez puestos en un sobre, podremos hidratarlos cuando se nos dé la gana y para la comida que quisiéramos preparar. Y así San Martín o Cristo serán nuestra justificación para aplicar la tortura o liberar un continente, para las obras más honorables y los hechos más aberrantes.

A menudo me pregunto cómo ideas tan antagónicas pueden convivir en el mismo lugar. Como personas que se llaman cristianos, que dicen creer en el mismo Dios, en la misma Iglesia, en el mismo dogma, pueden tener ideas y creencias tan contradictorias?

Y sin embargo Cristo está ahí. Jesús de Nazareth es uno, uno solo. No puede estar a favor y en contra de algo al mismo tiempo. O sí?