Él trabajaba en la fábrica y ella en casa. Volvía él todas las tardes a las 5, tomaban mates en el patio si el día estaba lindo.
Vinieron los hijos. Se fueron los hijos. El pueblo nunca cambio demasiado. La fábrica sí, hecharon a todos y los volvieron a tomar. Ellos siguieron juntos hasta el día en que tuvieron que ir al cementerio.
Hicieron el bolso y se fueron. Habían pagado la parcela en cuotas.
El lugar era muy a la italiana, mausoleos de otra época, lápidas de mármol, fotos de señores con bigote, la historia del pueblo escrita en placas de bronce.
Se siguieron amando después de muertos. Nadie iba a verlos, como antes, se tenían el uno al otro. Pasaron desapercibido entre tanta gente célebre. Nadie supo su historia y eso casi logró que no existieran.
Pero se tenían el uno al otro.

