Hoy es sábado, me levanto a media mañana los sábados, tomo algo rápido y aprovecho lo que resta hasta el mediodía para hacer alguna cosa.
Me fui con María Luz hasta la biblioteca. Vivo en un barrio que tiene una biblioteca, a 2 cuadras de mi casa. Estoy terminando un libro de cuentos de Osvaldo Soriano, Piratas, Dinosaurios y Fantasmas, y en uno de sus cuentos menciona a Graham Greene. Consulté que había de Graham Greene, la bibliotecaria comenzó a leer el listado de títulos en stock y al azar escogí El Tercer Hombre. Es un libro breve, ideal para este trabajo de retomar la lectura, de desintoxicarme de tanto wifi, tanta red social, tanto Netflix.
Tomando un café después del almuerzo pensé en todo esto. Qué cosa maravillosa es una biblioteca. Recordé las mesas de venta de las grandes librerías, libros de tapas coloridas, donde uno COMPRA un libro, lo posee. Alguna vez me propuse tener mi propia biblioteca, un tesoro de posesión, la exteriorización de mi nivel cultural con los grandes títulos que pasaron por mi lectura. Una biblioteca pública es todo lo contrario, es el trabajo colectivo de una comunidad, nadie posee el libro, el objeto, interesa su contenido.
El Tercer Hombre de Graham Greene fue adquirido por la Biblioteca Popular Alberdi en noviembre de 2014 a través de una donación. Hoy está en mi mesa de luz esperando su lectura. Ese donante anónimo y yo hoy nos hemos conectado a través de su generosidad y mi agradecimiento. Este sencillo evento es la consecuencia de cientos de decisiones, de cientos de voluntades, que generosamente resolvieron sobreponer el contenido de un libro, el interés común, al de los mercaderes.