jueves, 30 de enero de 2014

Sin título

Estaba el pueblo y estaba la fábrica, cruzando la ruta.
Él trabajaba en la fábrica y ella en casa. Volvía él todas las tardes a las 5, tomaban mates en el patio si el día estaba lindo. 
Vinieron los hijos. Se fueron los hijos. El pueblo nunca cambio demasiado. La fábrica sí, hecharon a todos y los volvieron a tomar. Ellos siguieron juntos hasta el día en que tuvieron que ir al cementerio.
Hicieron el bolso y se fueron. Habían pagado la parcela en cuotas. 
El lugar era muy a la italiana, mausoleos de otra época, lápidas de mármol, fotos de señores con bigote, la historia del pueblo escrita en placas de bronce.
Se siguieron amando después de muertos. Nadie iba a verlos, como antes, se tenían el uno al otro. Pasaron desapercibido entre tanta gente célebre. Nadie supo su historia y eso casi logró que no existieran.
Pero se tenían el uno al otro.

martes, 7 de enero de 2014

El protagonista

Prende la notebook. Comienza a escribir. Escribe un cuento. Un hombre, un problema, una salida, el desenlace. El lugar es una ciudad en otro hemisferio. Siempre hay una chica. El hombre es él, siempre el hombre es él. Aunque escriba en tercera persona, el hombre es él.

Probó viajar. Probó estar sólo. Mezclarse entre la gente en un lugar sin nombre, pero siempre es él. La historia está casi lista, es una buena historia. Pudo mezclar en medio del relato algo real, un guiño, un código para que unos pocos entiendan. 

Ahora está en la barra de un bar, en Montevideo. Es anónimo, podría ser quien quisiera, podría inventarse una historia, hablar con el mozo y contarle acerca de su profesión falsa o con las dos chicas que le sonríen. Podría incluso cambiar de vida, cambiar su nombre, su aspecto. Podría dejarse la barba o el pelo más largo, podría operarse. Pero nunca dejaría de ser él.

Solo si cambiara, si resolviera sus problemas, si modificara sus convicciones, sus creencias, tal vez pudiera ser una nueva persona.

Un día encontraría unas fotos viejas de su noche en aquel bar en Montevideo, leería el cuento. Desconocería a aquel personaje. El pasado sería ridículo. Habría crecido.