Probó viajar. Probó estar sólo. Mezclarse entre la gente en un lugar sin nombre, pero siempre es él. La historia está casi lista, es una buena historia. Pudo mezclar en medio del relato algo real, un guiño, un código para que unos pocos entiendan.
Ahora está en la barra de un bar, en Montevideo. Es anónimo, podría ser quien quisiera, podría inventarse una historia, hablar con el mozo y contarle acerca de su profesión falsa o con las dos chicas que le sonríen. Podría incluso cambiar de vida, cambiar su nombre, su aspecto. Podría dejarse la barba o el pelo más largo, podría operarse. Pero nunca dejaría de ser él.
Solo si cambiara, si resolviera sus problemas, si modificara sus convicciones, sus creencias, tal vez pudiera ser una nueva persona.
Un día encontraría unas fotos viejas de su noche en aquel bar en Montevideo, leería el cuento. Desconocería a aquel personaje. El pasado sería ridículo. Habría crecido.

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