BIBLIO-LIBERTAD
EN OTRA ÉPOCA ERA MUCHO MÁS FÁCIL, CREO QUE EL PROGRESO SÓLO COMPLICA LAS COSAS; RECUERDO HACE UNOS AÑOS EN AQUELLA BIBLIOTECA QUE SE PRECIABA DE SER ORDENADA, ARMÓNICA Y CLARA. UNA SIMPLE ESCALERA, UNA EXCUSA TONTA Y AL DIABLO TODOS LOS LIBROS, FUE SENSACIONAL, UN VERDADERO BATACAZO.
AHORA ES MÁS COMPLICADO.
- USTED SEÑOR DEBE CONSULTAR EN LOS FICHEROS -ME DECÍA CON CARA DE MAESTRA DE PRIMER GRADO A PUNTO DE JUBILARSE (SIN GRACIA, SIN LUZ, OSCURA Y TRISTE)– NO PUEDE PASAR ASÍ PORQUE SÍ A VER LOS LIBROS.
HICE VARIOS INTENTOS, TODOS SIN RESULTADO.
MIRÉ DE REOJO, COMO BUSCANDO SIN QUERER ENCONTRAR. ALLÍ ESTABA AQUEL ARMATOSTE; UNA CAJA GIGANTESCA QUE ENCERRABA DENTRO LA IMAGINACIÓN Y EL SABOR DE TOCAR, DE PALPAR Y VER EL LIBRO CARA A CARA.
- QUE ME IMPORTA LA PRACTICDAD –DIJE A QUELLA SUEGRA- EL QUE QUIERE EL LIBRO QUE LO BUSQUE, DESDE CUANDO SE PUEDE CLASIFICAR EL PENSAMIENTO DE UN AUTOR POR ABECEDARIO.
LA MIRADA DE AQUELLA MUJER CAMBIÓ DE AGRIO A PROFUNDAMENTE AGRIO. – USTED ME ESTÁ HABLANDO EN SERIO –ME DIJO- VAYA A BROMEAR A OTRO LADO.
GOLPEADO EN LO MÁS PROFUNDO, EN MI AMOR PROPIO, ESTABA DISPUESTO A ROMPERLE LA CARA A AQUELLA SEÑORA.
TODA UNA FILOSOFÍA DE VIDA, AÑOS DE PENSAR EN COMO ES POSIBLE QUERER ACORRALAR LA LIBERTAD DEL LIBRO QUE VUELA EN EL TIEMPO, QUE CRECE Y SE ENVEJECE CON NOSOTROS Y MÁS ALLÁ DE NOSOTROS; AÑOS BUSCANDO LUCHAR CONTRA TODA FORMA DE CLASIFICACIÓN Y ORDEN PARA QUE ESTA “BIBLIOTECARIUCHA” VENGA A DECIRME SI ES UNA BROMA.
DISPUESTO A VENGAR SEMEJANTE AFRENTA, TOME LA DECISIÓN DE VOLVER Y HACER DESAPARECER DE LA FAZ DE LA TIERRA AQUEL FICHERO; NO PODÍA PERMITIRLO, MÁS AÚN, QUE MEJOR QUE QUEMARLO JUNTO CON ESA VIEJA ENCIMA, PARA QUE SIRVA DE ESCARMIENTO A TODOS LOS QUE SE CREEN SERIOS CON SEMEJANTES PAVADAS.
QUISE VOLVER AL DÍA SIGUIENTE, PERO YA NO PUDE, EN EL TRABAJO ME PIDEN QUE HAGA MÁS HORAS PARA SUPLIR A MI COMPAÑERO QUE ESTÁ ENFERMO.
PERO ESTO NO HA DE QUEDAR ASÍ, VOLVERÉ UN DÍA Y LOGRARÉ MI COMETIDO, YA NUNCA MÁS UN FICHERO, NI ORDEN, NI CLASIFICACIÓN.
SERÁ TODO NUEVO, UN GRAN EDIFICIO EN EL CUAL LOS LIBROS PULULEN LIBRES DE LA ESCLAVITUD DEL HOMBRE, CADA LIBRO BUSCARÁ SU LUGAR Y UNA VEZ ALLÍ SERÁ EL HOMBRE QUIEN DEBERÁ HALLARLO, ALLÍ DONDE REALMENTE ESTÁ, NO DONDE UNO QUIERA.
Una mezcla de comentarios de actualidad y ensayos literarios que esperan tu piadosa opinión
martes, 20 de diciembre de 2011
domingo, 18 de diciembre de 2011
Salgo al barrio
El autor de este texto es nuestro gran amigo Diego. Mientras él toma un curso acelerado de blogger, yo publico su primer colaboración, que la disfruten....
Salgo al barrio.
Zona sur, lindo, tranqui; dicen todos. El barrio es el color de la piel, casi se podría ver en las personas: vos sos de Fisherton, se ve pues tiene ese tono limpio y suave en las manos; vos sos de barrio cerámica, te chorrea un poco de duelo y de bronca; vos sos del centro, barrio Martin que le llaman, se nota de lejos en el aire, pues se inunda de un color superior, de esos que te miran de arriba; vos sos del Saladillo, me digo en el espejo, y si, tengo ese aceitunado claro, ese andar sereno de la tarde de otoño. Zona sur, lindo, tranqui; dicen todos.
Me crié aquí, y el andar sereno del otoño se me metió en la sangre, y se diluyeron también algunas motas de nostalgia, esa que viene en cada hoja seca, esa que forma como un colchón de realidad anaranjada, con un fuego rojizo claro que empapa los recuerdos.
Crecí en medio del calor de los amigos que surgen de andar en la vereda, en la plaza tras un deseo de fútbol maravilloso, en tiempos sin medida sentados en la charla y el silencio.
El barrio es el gesto grabado que inteligible te distingue. Zona sur es amistad, es el gesto del abrazo pronto, y por eso será que soy amable, que busco brazos y caricias en los rostros, por eso será que en cada encuentro doy mis ojos abiertos a quien viene.
El barrio late con un ritmo que se pega en el corazón, y lo reconozco en mis venas, y lo veo en quienes con ese aceitunado claro andan serenos en las tardes de otoño.
Salgo al barrio.
(Y si Argentina fuese zona sur, Saladillo, amistad y brazos abiertos…cuantas veces imagino en el mapa la silueta de la patria desgarrada en un intento por ser un abierto corazón, cuantas veces quisiera convencerme cerrando los ojos de que el país está cambiando, que en los rostros se dibujan gestos de unidad, de compañía y sacrificios por los otros. ¿Qué busca este país? La silueta dormida entre llanuras, montañas y desiertos parece no querer intentar, como si algo la aletargara en la desilusión y el desencanto. Si Argentina fuese zona sur, yo sería el hombre más feliz del mundo.)
Su fisonomía atrae, seduce. Tiene mi barrio calles largas; reflexivas y pensativas, para no correr. En él las naranjas van pintando cada vereda; cada naranjo, uno después de otro forman a derecha e izquierda una especie de guardia saludable. Esconden la imagen de la mentira y del engaño. Apetitosas y sabrosas atraen la mirada de quien pasa. Tantas veces frena algún que otro distraído, ocasionales automóviles que se ahondan por el barrio, paran a robar su dulce jugo y se encuentran con el gusto amargo. Como dicen, no todo lo que brilla es oro; y es que en mi barrio, lo dulce se esconde en otros frutos.
Son los álamos, ellos son el don más rico, aunque escondido, porque hay que hacer silencio, y entonces la brisa arranca de cada hoja un aplauso, como festejo natural de quien observa al hombre que avanza por las calles largas; reflexivas y pensativas.
El pedazo de barrio que me toca tiene como una respiración, como una declinación en sus voces que lo hacen varón, que lo hacen hombre enamorado. Fuerte, grande como un álamo, con esa carga de miseria propia del naranjo amargo.
Salgo al barrio.
Salgo al barrio.
Zona sur, lindo, tranqui; dicen todos. El barrio es el color de la piel, casi se podría ver en las personas: vos sos de Fisherton, se ve pues tiene ese tono limpio y suave en las manos; vos sos de barrio cerámica, te chorrea un poco de duelo y de bronca; vos sos del centro, barrio Martin que le llaman, se nota de lejos en el aire, pues se inunda de un color superior, de esos que te miran de arriba; vos sos del Saladillo, me digo en el espejo, y si, tengo ese aceitunado claro, ese andar sereno de la tarde de otoño. Zona sur, lindo, tranqui; dicen todos.
Me crié aquí, y el andar sereno del otoño se me metió en la sangre, y se diluyeron también algunas motas de nostalgia, esa que viene en cada hoja seca, esa que forma como un colchón de realidad anaranjada, con un fuego rojizo claro que empapa los recuerdos.
Crecí en medio del calor de los amigos que surgen de andar en la vereda, en la plaza tras un deseo de fútbol maravilloso, en tiempos sin medida sentados en la charla y el silencio.
El barrio es el gesto grabado que inteligible te distingue. Zona sur es amistad, es el gesto del abrazo pronto, y por eso será que soy amable, que busco brazos y caricias en los rostros, por eso será que en cada encuentro doy mis ojos abiertos a quien viene.
El barrio late con un ritmo que se pega en el corazón, y lo reconozco en mis venas, y lo veo en quienes con ese aceitunado claro andan serenos en las tardes de otoño.
Salgo al barrio.
(Y si Argentina fuese zona sur, Saladillo, amistad y brazos abiertos…cuantas veces imagino en el mapa la silueta de la patria desgarrada en un intento por ser un abierto corazón, cuantas veces quisiera convencerme cerrando los ojos de que el país está cambiando, que en los rostros se dibujan gestos de unidad, de compañía y sacrificios por los otros. ¿Qué busca este país? La silueta dormida entre llanuras, montañas y desiertos parece no querer intentar, como si algo la aletargara en la desilusión y el desencanto. Si Argentina fuese zona sur, yo sería el hombre más feliz del mundo.)
Su fisonomía atrae, seduce. Tiene mi barrio calles largas; reflexivas y pensativas, para no correr. En él las naranjas van pintando cada vereda; cada naranjo, uno después de otro forman a derecha e izquierda una especie de guardia saludable. Esconden la imagen de la mentira y del engaño. Apetitosas y sabrosas atraen la mirada de quien pasa. Tantas veces frena algún que otro distraído, ocasionales automóviles que se ahondan por el barrio, paran a robar su dulce jugo y se encuentran con el gusto amargo. Como dicen, no todo lo que brilla es oro; y es que en mi barrio, lo dulce se esconde en otros frutos.
Son los álamos, ellos son el don más rico, aunque escondido, porque hay que hacer silencio, y entonces la brisa arranca de cada hoja un aplauso, como festejo natural de quien observa al hombre que avanza por las calles largas; reflexivas y pensativas.
El pedazo de barrio que me toca tiene como una respiración, como una declinación en sus voces que lo hacen varón, que lo hacen hombre enamorado. Fuerte, grande como un álamo, con esa carga de miseria propia del naranjo amargo.
Salgo al barrio.
sábado, 17 de diciembre de 2011
El tiempo se acaba
Estábamos esta mañana en la librería comprando los regalos de navidad. Al fin publicaron el libro de JP Feinmann que estaba esperando, también estaba ahí El lobo estepario, me lo recomendaron hace un tiempo y finalmente dí con él. Había una oferta de clásicos, hace mucho que no leo un clásico. Era todo muy tentador, ¿porque no llevarlos a todos? Hace un tiempo definí un criterio: un libro por vez, compraré un libro solo cuando haya terminado el que estoy leyendo. Me había convertido en un comprador compulsivo de libros no leídos y esta fue la solución. Pero queda otro tema por resolver porque no puedo leer más de 8 libros al año. ¿A quienes dedicarles en 2012 ese valioso tiempo?
Es el famoso “costo de oportunidad”, al elegir algo estamos renunciando en forma simultánea al resto de las opciones. No puedo perder el tiempo, faltan 14 meses para que cumpla 40 años, exactamente la mitad del tiempo que tengo planeado vivir. No puedo desperdiciar el tiempo en cosas inútiles, el tiempo se acaba, es demasiado valioso para perderlo en escuchar nuevamente el cuento del borracho en el velatorio.
Mi viejo siempre añoró la cura contra el cáncer. ¿Cuanto tiempo le agregaría a una vida una vacuna contra el cáncer? En lugar de prolongar el tiempo de vida, ¿por qué no buscamos soluciones para aprovechar mejor el tiempo? La Iribarren una vez preguntó a un compañero “Ud. García, cuantas horas duerme por día?” “12 horas, señora” respondió el negro. “Es decir, García, que se pasará la mitad de su vida dormido”. Eso me dio una idea. Saliendo del exagerado caso Garcia, digamos que es sano dormir unas 8 horas diarias, un tercio de nuestra vida la pasaremos durmiendo. En mi programa de 80 años eso es casi 27 años. En lugar de la vacuna contra el cáncer podrían intentar con una droga que nos permita vivir durmiendo 4 horas diarias, serían 13 o 14 años más de sobre vida.
¿Y que me dicen del futbol? Cuantas horas a la semana le dedica un hombre a tan noble deporte? Supongamos que uno mira unos 2 o 3 partidos por semana. Son como mínimo 180 minutos. Al año, siendo conservadores, serán unas 120 horas de futbol, es decir, 5 días al año viendo futbol sin parar. Señores de la FIFA: si los partidos fueran de 60 minutos en dos tiempos de 30 ahorraríamos un 30% de ese tiempo. No quiero irme en detalles pero sería necesario reducir la cantidad de jugadores por equipo y también el campo de juego, pero ese es otro tema.
Tengo que dejar de mirar las repeticiones de Seinfeld y de Friends, hay muchos lugares que me quedan por conocer, tengo que invertir mejor ese tiempo. Tal vez si dejara de ver a Ross tratando de conquistar a Rachel podría aumentar mi cantidad de libros anuales de 8 a 10 u 12.
Conciente u inconcientemente la humanidad se ha ocupado de este tema. A Colón le llevó 3 meses cruzar el Atlántico, hoy desde Madrid a la Habana serán unas 6 horas de avión. Pero todavía falta, la tecnología está haciendo lo suyo pero debemos colaborar en este sentido.
Señora: no me interesan sus juanetes, no quiero escuchar la historia de su sobrino el mayor que ya está en la universidad, se me acaba el tiempo, me estoy muriendo y tengo que aprovecharlo!
lunes, 12 de diciembre de 2011
Borges y la Rana René
La imagen es muy buena. Busqué sin éxito el nombre del autor; supongo que será gringo. La publicó Mano en su muro de Facebook. Lo que me llamó la atención fue el comentario con el que la presentó: "Chan!! Foto filosófica. Alguien más que crea conocerse bien?!! Muppppeeettsss!!!".
Sólo personas como Mano son capaces de ir tan a fondo con algo que a mí, en el mejor de los casos, me haría reír en voz alta.
De inmediato me acordé de dos poemas de JLB, en especial de sus finales.
Vittorio, ya se van a alinear los astros y voy a escribir algo para decepción de los seguidores de este blog. Por ahora, acá va mi primer aporte: poesía, pero de la buena.
1. EL GOLEM
Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de 'rosa' está la rosa
y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'.
Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.
Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.
Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.
No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.
Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dió a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,
la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.
El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.
Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.
(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)
El rabí le explicaba el universo
"esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga."
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.
Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.
Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.
Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)
Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.
El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. '¿Cómo' (se dijo)
'pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?'
'¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?'
En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?
2. AJEDREZ
I
En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.
Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.
Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.
En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.
II
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?
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