domingo, 18 de diciembre de 2011

Salgo al barrio

El autor de este texto es nuestro gran amigo Diego. Mientras él toma un curso acelerado de blogger, yo publico su primer colaboración, que la disfruten....


Salgo al barrio.
Zona sur, lindo, tranqui; dicen todos. El barrio es el color de la piel, casi se podría ver en las personas: vos sos de Fisherton, se ve pues tiene ese tono limpio y suave en las manos; vos sos de barrio cerámica, te chorrea un poco de duelo y de bronca; vos sos del centro, barrio Martin que le llaman, se nota de lejos en el aire, pues se inunda de un color superior, de esos que te miran de arriba; vos sos del Saladillo, me digo en el espejo, y si, tengo ese aceitunado claro, ese andar sereno de la tarde de otoño. Zona sur, lindo, tranqui; dicen todos.


Me crié aquí, y el andar sereno del otoño se me metió en la sangre, y se diluyeron también algunas motas de nostalgia, esa que viene en cada hoja seca, esa que forma como un colchón de realidad anaranjada, con un fuego rojizo claro que empapa los recuerdos.


Crecí en medio del calor de los amigos que surgen de andar en la vereda, en la plaza tras un deseo de fútbol maravilloso, en tiempos sin medida sentados en la charla y el silencio.
El barrio es el gesto grabado que inteligible te distingue. Zona sur es amistad, es el gesto del abrazo pronto, y por eso será que soy amable, que busco brazos y caricias en los rostros, por eso será que en cada encuentro doy mis ojos abiertos a quien viene.

El barrio late con un ritmo que se pega en el corazón, y lo reconozco en mis venas, y lo veo en quienes con ese aceitunado claro andan serenos en las tardes de otoño.
Salgo al barrio.

(Y si Argentina fuese zona sur, Saladillo, amistad y brazos abiertos…cuantas veces imagino en el mapa la silueta de la patria desgarrada en un intento por ser un abierto corazón, cuantas veces quisiera convencerme cerrando los ojos de que el país está cambiando, que en los rostros se dibujan gestos de unidad, de compañía y sacrificios por los otros. ¿Qué busca este país? La silueta dormida entre llanuras, montañas y desiertos parece no querer intentar, como si algo la aletargara en la desilusión y el desencanto. Si Argentina fuese zona sur, yo sería el hombre más feliz del mundo.)

Su fisonomía atrae, seduce. Tiene mi barrio calles largas; reflexivas y pensativas, para no correr. En él las naranjas van pintando cada vereda; cada naranjo, uno después de otro forman a derecha e izquierda una especie de guardia saludable. Esconden la imagen de la mentira y del engaño. Apetitosas y sabrosas atraen la mirada de quien pasa. Tantas veces frena algún que otro distraído, ocasionales automóviles que se ahondan por el barrio, paran a robar su dulce jugo y se encuentran con el gusto amargo. Como dicen, no todo lo que brilla es oro; y es que en mi barrio, lo dulce se esconde en otros frutos.


Son los álamos, ellos son el don más rico, aunque escondido, porque hay que hacer silencio, y entonces la brisa arranca de cada hoja un aplauso, como festejo natural de quien observa al hombre que avanza por las calles largas; reflexivas y pensativas.


El pedazo de barrio que me toca tiene como una respiración, como una declinación en sus voces que lo hacen varón, que lo hacen hombre enamorado. Fuerte, grande como un álamo, con esa carga de miseria propia del naranjo amargo.


Salgo al barrio.

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