Es producto de mi imaginación. Estoy en la plaza O´Higgins. Es mucho más que la media noche. Es el momento en que la calle parece el interior de un lugar. Percibo la tensión del evento inminente. Me siento en un banco, por Castro Barros. A mi espalda la iglesia, frente a mi la Aristóbulo. Para un auto, desde el interior surge una voz. Vení. Me subo y el auto se pone en marcha. Llegamos a un bar, puede ser el bar Mariela o el Nuevo Piave. Contramano no es, Contramano es muy blanco y en este lugar no hay demasiada luz. Un televisor colgado de la pared flashea imágenes. Hay varias personas, algunas sentadas otras van y vienen. Sentate me dicen. Tomo un sorbo de una cerveza casi al natural, un asco. Observo que el televisor pasa videos musicales. Mi maestra de tercer grado se sienta frente a mi, a su izquierda se ubica una chica de unos catorce años de cara triste y al otro lado un tipo de camisa celeste. Por qué me pregunta la señorita Ramonita, por qué. Le digo que no comprendo a que se refiere, por qué me repite ella. La chica comienza a llorar en silencio y Ramona vuelve a interrogarme. El tipo podría ser chofer del 200 o de la C. La chica me mira y me dice que yo era cruel. Ramona se levanta y se aleja unos metros, como reflexionando cual será su próximo paso. La gente que va y viene me resulta conocida, algunos son amigos, parientes, me miran de reojo, los veo preocupados. De repente el bar se transforma en el sotano de la casona de la calle Arijón. Hay una lámpara verde que solo ilumina al tipo que tengo enfrente. No hay más muebles que las sillas en las que el tipo y yo estamos sentados. La escena parece la de un interrogatorio, el tipo pronuncia mi apellido. Sabés por qué estás acá pibe? No sabés. Te lo voy a explicar, antes de irte tenes que pensar en lo que hiciste mal, porque te equivocaste, viste? Es simple…pensá en lo que hiciste…y te vas.
Me despierto. Estoy empapado de sudor. La habitación es inmaculada. Voy al baño y busco el espejo. Tengo 80 años y una bata que deja mi culo al aire. Yo no soy ese anciano desafeitado, no. Yo soy el pibe que le pegó el chicle a la rubia que se sentaba adelante. Soy el adolescente pelotudo que le dijo algo a Fabiana cuando estábamos en segundo, no recuerdo que fue pero lastimaba. Yo puedo correr 6 kilometros, 10 kilometros si empiezo a entrenar. Yo no soy ese anciano que tiene que irse.
Pero,¿quien carajo era el tipo de camisa celeste?
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