martes, 3 de diciembre de 2013

Volar

Cada vez me cuesta más subir a los aviones sin pensar en la muerte. Introducirse en un tubo que es lanzado al cielo sin opciones. Siento la claustrofobia de un minero dentro de la tierra y la desconfianza en los planes de mantenimiento predictivo de las empresas de aviación.
Vamos a México, el vuelo atraviesa la noche, pasamos arriba de los Andes. Montañas llenas de nieve y de frío. Ya descarté la posibilidad de que el piloto logre aterrizar de emergencia. Los aviones se caen, se hacen mierda contra el suelo, es así.

La noche pasa y como siempre sale el sol, era predecible. Mi vida no acabará hoy, o al menos en este momento. 

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