Sentí que la libertad era disponer del tiempo. Elegir a donde ir y no ser arrastrado por una condena. Me sentí joven, pleno, feliz. Te vi llegar, sonriendo, buscando mis ojos. Hablamos, imaginamos que estábamos juntos. Necesitamos tomarnos de la mano. El momento previo a que todo ocurra.
Te ibas de viaje al día siguiente, pedimos una Coca y te di mi carta. Intenté cautivarte con la historia de las palomas en la Piazza San Marco, con los japoneses y sus cámaras de fotos. Tu carita sonriente me dijo que todo era posible, que podía pedir un deseo y lo pedí.
Soñé que descansabas entre mis brazos, sentí tu calor, el aroma de tu pelo, tu vista perdida en una idea. Supe que sería feliz porque no había opción estando a tu lado.
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