miércoles, 30 de noviembre de 2011

Mastellone y la verdad

Soy televidente desde que nací. Mi foto preferida es una en que yo, todavía en pañales, estoy junto a mi abuelo Amedee y un televisor en blanco y negro con la imagen de Goldsilver.
Tendría que haber una ley que prohíba que las publicidades mientan. Si un detergente lava 1.000 platos que vaya un escribano y lo certifique. ¿Qué le pasa a las fábricas de jabón en polvo? ¿Cuántas comprobaciones más deberemos ver para descubrir cuál es el que queja la ropa más blanca? ¿hay alguien que crea que cuando un señor con un micrófono entra en una casa es una situación espontanea? Y con Mastellone, ¿qué pasa? ¿Nadie dirá nada acerca de esa obsesión en querer asociar sus productos con medicamentos?
Una vez ví una película que se llama “La invención de la mentira”, es muy buena. Transcurre en un mundo donde la mentira no había sido inventada. En ese mundo la publicidad de Pepsi era “lo que usted toma cuando no hay Coca Cola”. Eso es genial. El mundo reclama verdad. Queremos que nos dejen de mentir pero insistimos con Papá Noel. Que sociedad hipócrita. ¿Quién está listo para escuchar la verdad? ¿Quién puede resistir la verdad durante 24 horas? Hay un capitulo de Seinfeld que habla sobre esto. Kramer le dice a la novia de George que debería hacerse una rinoscopia.
¿Será por eso que Dios prefiere mantenerse oculto? ¿Seriamos capaces de vivir con la certeza de saber quién es Dios? Alguien alguna vez dijo “si Dios bajara todos los días a la tierra no faltaría en aparecer un tonto que le faltara el respeto”…






lunes, 21 de noviembre de 2011

Se que estás ahí

Ya pasaron varios meses desde que iniciamos este blog, si sos un visitante frecuente, si hoy es la primera vez que pasas por acá y viste algo que te gustó no sería mala idea que te suscribas, incluso, que nos recomiendes con tus amigos.
Seguimos esperando la primera nota de nuestro tercer integrante...seguramente estará haciendo sus últimos ajustes...

jueves, 3 de noviembre de 2011

Quieres ser millonario?

Si es cierto que el capitalismo rige en esta época deberá admitirse que el tiempo es el bien más valioso. Es imposible acumularlo, guardarlo, atesorarlo. El tiempo simplemente fluye, es un metal precioso que nunca deja de derramarse. Tal vez los más ricos sean los que más tiempo tienen.

El semáforo de Washington y Rondeau es demasiado largo. Tanto que me permitió salir por un momento del trajín que me arrasaba. Miré por la ventanilla y recordé un tiempo en que no tenía horarios, en que podía detenerme a observar. Fue una época maravillosa donde disfrutaba el transcurrir de la mañana. Había identificado ciertos momentos, los iba puliendo prudentemente, el no hacer nada requiere un poco de trabajo, algunas rutinas son necesarias. El desayuno, la mañana pasando por la cocina, un programa de radio. Los comerciantes matinales, la panadería, el reparto de soda, chicos que van o vienen del colegio. El noticiero del mediodía, una pequeña sobremesa, la hora de la siesta. Unos mates, la visita de un amigo. Los programas de la tarde. El sol que comienza a ponerse. La tira deportiva, la cena. Un libro, una cerveza en un bar. Mirar la vida transcurrir. Jugar con todas las posibilidades prontas por venir. Ser joven. Ser millonario. 

martes, 1 de noviembre de 2011

El hincha, el amor, la calentura

Estamos en la generación del Viagra. Esta noble pastillita que vino para hacer las delicias de las viejitas del mundo y ver reverdecer las camas ya varias décadas matrimoniales hoy se consume con furor, y no por aquellos que, luego de una vida de alegrías, hoy ven que quieren pero ya no pueden, no. Hoy la píldora azul celeste es consumida por miríadas de purretes que en su excitación temen dejar de a pié, precisamente, a aquella que quieren acostar. Hoy todos deben ser “la pareja perfecta” porque todas deben ser “las noches perfectas”. Especialmente porque suele ser “la” noche de esa chica y ese chico y no una más de las noches que ellos comparten.

Así es el amor. Dicen algunos. Y otros viejos moralistas dirán, así es la calentura.

El hincha de fútbol vive también sumergido en la generación del Viagra. Cada noche de estadio debe ser memorable. El amante hincha está siempre bien dispuesto, se jacta de ello. Cada encuentro se prepara para vivir la gloria, no importa el rival ni la situación en la tabla (ni con qué letra se identifique a esa tabla) pero el amado no siempre presenta su mejor versión.

A veces el equipo cae, a veces permanece meses caído. Y en el fútbol no existe el Viagra.

La frustración del amante embanderado es mayor que la de aquella joven insatisfecha, en principio, porque el romance no es de una fugaz noche de primavera. El amor, en el fútbol, es para toda la vida, es un matrimonio por Iglesia. En el fútbol no hay divorcio, no hay nulidad, no hay cuernos siquiera. Si el amado no levanta cabeza, no hay salida, no hay éxtasis, no hay escape.

El hincha, sin embargo, vive excitado como adolescente en su noche de debut. Y esta energía debe explotar. Y explota. Si no llega en la orgía victoriosa de un triunfo, derrama en el triste espectáculo auto-lacerante de las piedras, los insultos y las corridas.

La policía castiga el pecado repartiendo a discreción balas de goma como cuentas del rosario.

En momentos de debilidad e inseguridad la presión, sabemos, no ayuda. El equipo que no mejora se siente cada vez más urgido. Desde las radios, desde los edificios, desde dentro de su cabeza grita una sola voz “esta noche hay que ganar o ganar” y sabe que ante el menor signo de debilidad, de blandura, aquel que le declara su incondicional amor comenzará a demostrarle todo su odio, su rabia, su frustración. Le echará en cara su condena: “la relación es para toda la vida, mal que me pese”. En el fútbol, para el hincha, no hay divorcio.

Sólo para él. Entrenadores, jugadores, funcionarios y directivos pasarán.

El hincha es el rehén de la misma irracional y desordenada pasión que profesa. En los matrimonios (reparemos que estamos hablando de aquellos que se plantean en serio para toda la vida, una vez más, en el fútbol no hay divorcio) cuando la relación encuentra momentos bajos, la pasión puede tomarse un descanso, y debe, necesariamente, florecer el amor. El amor que se manifiesta en seguir estando, en aguantarse, en no lastimarse más de lo necesario y, sobre todo, en intentar poner cada uno lo mejor de sí para superar la difícil situación.

La violencia destruye. El amor, Silvio, convierte en milagro el barro.

Los hinchas, como los noviecitos, fatigan las paredes declarando que “siempre te alentaré” y que “en las buenas y en las malas”. Sin embargo en las malas, la noviecita insatisfecha se vuelve la viuda negra. Jugar de local se ha convertido en un calvario y siempre es más cómoda la barra del bar visitante que la exigente mesa familiar. Incluso ni en las buenas. Porque cada noche debe ser “la” noche y entonces un “casi” campeón tampoco sirve, un buen intento no es suficiente. El éxtasis, o la condena.

Y desde los medios, los de palo, los terceros, piden cortar cabezas para solucionar la impotencia. Y con la sangre derramada, reclaman acaloradamente los paños fríos.

Es momento de que los hinchas, apasionados, amantes, calientes, llenen los estadios para, verdaderamente, alentar hasta el final, aunque ganes o pierdas, o sencillamente para no agredir, permanecer callados acompañando y sufriendo. Es momento de acciones de amor, de compromiso con la institución, más que de desbordes de pasión tribunera.

domingo, 16 de octubre de 2011

Buenos Aires


Buenos Aires. 9:40. Avanzamos por la 9 de Julio, recién bajamos de la autopista Illia. En 20 minutos estaremos en el hall del edificio de Avenida Alicia Moreau de Justo 292. Ricardo Garcia y Adrián Rigotti, buscamos al doctor Juarez Arregui.
Me encanta Buenos Aires, me gusta el olor a café, la calle, los vendedores ambulantes, la vida del Clarín cruzándose con Crónica y La Nación. Los extranjeros, los europeos y los sudamericanos. Viajo mucho a Buenos Aires, en ocasiones por varios días. Por las mañanas soy un ejecutivo de medio pelo, visito oficinas y hablamos de negocios, interpreto un papel, cumplo con un estándar, el modelo que mis interlocutores esperan encontrar, aparento ser la persona que ellos estiman que puedo ser. Por la tarde me voy al hotel. Me tiro en la cama kind side, en general el hotel es más que aceptable, me pongo cómodo y me siento un poco porteño: un rato de noticiero, el tránsito, el crimen del momento y salgo a caminar.
Camino por Florida y en un punto cambio de dirección. Me gusta observar, juego a imaginar vidas. Una anciana muy bien vestida y de lentes de sol. Seguramente vive en Palermo, en un departamento con demasiados muebles, la foto de su difunto esposo junto a un puñado de nietos que viven en un country. Esta sola pero tiene sus rutinas, tomar el té todas las tardes en la confitería de Santa Fe y Maipú. El chico de 20 años que pasa apurado, viste unos pantalones baratos, camisa, corbata y zapatos, intentó cumplir con el requisito de “ropa formal” que le impusieron en la oficina, escucha la Rock & Pop o la Metro, gana poco, vive en Caballito o en Flores y solo piensa en coger. En Corrientes cruzo a una pareja de treinta y pico. Él viste una chomba Tommy Hilfiger, zapatos náuticos y anteojos Ray Ban, seguramente sus calzoncillos son Calvin Klein. Ella es una lady, estudió abogacía o contador público o administración en una facultad privada: IAE, UADE, UCA? Viajó a Europa cuando se recibió, regalo de los padres. Se casaron hace unos meses. Él la engaña o la va a engañar, los dos están más preocupados por su reflejo en la vidriera, se van a separar pero antes tendrán 2 nenas, a él eso lo frustra: la casa llena de bombachitas, él quería un varón para llevarlo a la cancha de Boca, su único pecado de chico de Vicente López.
Son más de las 7 de la tarde. No sé cómo llego a Viamonte y San Martín, una iglesia, me dan ganas de escuchar misa, por qué no? Un rato de oración en medio del ruido. Convento Santa Catalina de Siena. La esquina es un patio que permite el ingreso al templo hacia la derecha y al convento hacia la izquierda, por San Martín. Me recuerda a las iglesias de Lima. Un mármol me informa que el convento fue fundado en 1737 por la hermana de un militar y la de un obispo. Durante las invasiones inglesas flameó la bandera británica en su torre por varias semanas. Entro al templo. Un grupo de cámara interpreta obras de música sacra. Me siento en un lugar intermedio entre el último banco y la mitad de la fila. Un hombre delante de mí, de rodillas, reza concentradamente. Tendrá unos 45, 48 años. Seguramente pide por su esposa y sus hijos. Al poco tiempo se levanta y se va, imagino que le molesta el espectáculo, la casa de Dios no es un teatro.
Comienzo a reconocer el lugar. Los músicos son 14 y un director. En realidad es un coro, son 11 voces, dos violines y un chelo. Al final de un tema, de pronto, una persona que está sentada cerca de la primera fila aplaude la interpretación. Estimo que será conocido de alguno de los músicos. La obra continua. Me detengo en un detalle: los que escuchamos somos 15 personas. Somos tantos espectadores como intérpretes.
Ya son más de las ocho. A las nueve Newell´s juega con Velez, voy a ver el partido en el hotel. Salgo de la iglesia. En la puerta un linyera me mira con paz. Camino por San Martín y llego al Kilkenny. Me siento en la barra y pido una pinta de cerveza negra. Viene acompañada de una canastita con pochoclo salado. Disfruto de la cerveza en silencio. Me pongo a repasar como sería este relato si pudiera escribir una historia de lo que está pasando este día.
Ya son casi las nueve. Pago la cerveza salgo rumbo al hotel. En una esquina un hombre me ofrece señoritas y cabaret, le agradezco pero no.
Llego al hotel y me pongo cómodo. Pido comida a la habitación. En la notebook busco la transmisión de Walter Hugo. Ganará hoy la lepra?

martes, 20 de septiembre de 2011

LA MEJOR CEPA FUTBOLERA

Cuenta Guillermo Orozco Gómez en su artículo “De las disciplinas a los saberes” que la industria del vino norteamericana (californiana) había logrado un desarrollo tan importante allá por los 50 que la calidad de sus vinos podía perfectamente competir en el mercado con los producidos en las tradicionales bodegas francesas como Laffitte o Beaujolais. La dificultad que encontraban para disputar un lugar de privilegio en el mercado eran los nombres propios de las casas galas, vinculadas a castillos medievales y aristocracias europeas. Cuenta Orozco Gómez que la batalla fue librada con astucia, que los americanos inventaron una nueva forma de nomenclar los vinos: los varietales. A partir de esta movida los vinos empezaron a ser conocidos (y valorados) por el tipo de uva con que estaban producidos. Las viejas bodegas europeas se vieron forzadas a explicitar qué cortes integraban la mezcla de sus productos y ya la mística, la tradición y el abolengo dejaron de pesar tanto como la calidad del producto. Fue un gran paso para la industria californiana, pero también para la industria del vino.
¿Y qué tiene que ver esto con el fútbol?

La mirada preponderante del fútbol argentino está centrada en una categoría nobiliaria que tiene poco o ningún correlato en el desarrollo de ese juego tan hermoso que conocemos como fútbol.

El cristal a través del que se mira el deporte más popular de la argentina está relacionado con la pertenencia o no a "los 5 grandes". Filtrado por esta nomenclatura histórica el ojo periodístico examina los equipos con un aprecio o un desprecio diferenciado. Los cinco grandes tienen periodistas y espacios dedicados especialmente a reportar su actualidad. Cualquier acontecimiento que los involucre es inmediatamente considerado noticia prioritaria.

Los cinco grandes se han convertido en el mojón, el fútbol patrón. Esta aseveración llegó a su paroxismo con el artículo de Víctor Hugo en el último número de Un Caño, en la que explicó que creemos que el fútbol argentino anda mal porque los 5 grandes andan mal pero que esta es una situación que ya se va a "solucionar". Sin explicar porqué él cree que es un problema par el fútbol que los 5 grandes anden mal, si Vélez, Lanus, Estudiantes y Godoy Cruz nos brindan bellísimos espectáculos cada fin de semana.

El periodismo argentino (y todos los que vemos la realidad filtrada por ese cristal) está embobado siguiendo a un conjunto que juega en la B, segunda categoría del fútbol argentino. Que juega en la B porque juega mal al fútbol. Que juega en la B porque durante 3 años se encargó de demostrar que su fútbol no tenía la calidad suficiente para jugar entre los 20 mejores equipos del país.

También nos tienen embobados hablando de un equipo que (con una única y sospechosa excepción) hace 50 años que no gana un campeonato nacional.

También nos tienen atentos a un equipo que no ganó jamás una Copa Libertadores.

Más del 50% del tiempo y espacio periodístico que se le dedica al fútbol argentino está destinado a hablar de equipos que, en conjunto, hace cinco campeonatos que no dan la vuelta (ni están en los tres primeros puestos) y han estado mucho más fuera que dentro de la participación internacional en la última década.

Fútbol para todos, una empresa del estado, está dedicada a mimar a los 5 grandes. Transmitiendo con obscenas diferencias técnicas a equipos con inversa proporción de buen fútbol. River va por HD, Lanús con tres cámaras.

“Los 5 grandes” es una marca registrada, creada a principios del siglo pasado y que fue repetida, ampliada y multiplicada por la oportuna creación de las cadenas nacionales de radio, que llevaron el relato de los partidos de los clubes porteños a cada rincón del país. Hoy “los 5 grandes” es una manera de mirar el fútbol, una vez más, repetida y alimentada por los medios porteños de comunicación (mal llamados nacionales) y ampliada hasta el hartazgo por la gran cadena nacional del FPT.

“Los 5 grandes” es un mapa, es un modelo de interpretación. El fútbol hoy se mira con este cristal que deforma hacia los blasones nobiliarios y el abolengo, pero que aleja la mirada del juego-deporte fútbol.

¿No es hora de empezara a cambiar la nomenclatura?

Es hora de hablar de los equipos buenos, de los que juegan bien al fútbol. De los jugadores buenos, vistan la camiseta que vistan. (Carlos Sanchez, por caso, tuvo que descender de categoría para empezar a ser nombrado con cierta asiduidad) De las grandes instituciones, que tienen grandes superávits que reinvierten en fútbol y en sus socios. De las divisiones inferiores más fructíferas.

Éstas deben ser las nuevas coordenadas del fútbol argentino. Éste debe ser el cambio de mirada del periodismo deportivo nacional.

El ranking podría (como un criterio apenas tentativo) estar definido por la tabla de promedios (que por fin tendría alguna utilidad positiva). Hoy los cinco grandes serían Vélez, Estudiantes, Lanús, Argentinos y Godoy Cruz (obviando a Rafaela y Belgrano que tienen apenas 7 partidos en primera) Hacia estos cinco equipos deberían estar dirigidos los mimos, para estos cinco las transmisiones en HD, los horarios centrales y dos hombres en campo; periodista dedicado en cada programa de TV y radio siguiendo los entrenamientos, tapa del gráfico y nota con banderín en la revista Un Caño.

Y si otro equipo quisiera estos favores, ya sabría cómo y dónde ganarlos: en la cancha y jugando bien al fútbol.

O podemos seguir diciendo que todo es culpa de Grondona, y seguir babeándonos por un nuevo pase en profunidad del “Chori” Dominguez en el partido frente a Guillermo Brown de Puerto Madryn.

Juan Ignacio Isern

lunes, 12 de septiembre de 2011

De hombres y deshidratación

Hace ciento noventa y cinco años José de San Martín cruzaba los Andes. Esa frase es síntesis de un concepto colectivo para los argentinos. Hemos acordado en el cruce de los Andes el símbolo de la libertad. Hemos acordado que ese hombre es la síntesis del patriota. Hemos convenido en que el cruce de los Andes fue el paso decisivo de nuestra libertad.

Pero en aquellos años la cosa no debe haber estado tan clara. Los personajes habrán sido diversos, muchos, los eventos que irían marcando el camino de la historia se habrán presentado confusos. La Primera Junta solo fue “primera” cuando hubo una segunda (como la Primera Guerra Mundial se llamó “la gran guerra” hasta que hubo una segunda), la declaración de la Independencia habrá tomado peso propio luego de que San Martín llegara a Santiago, a Lima, que O´Higgins se le acoplara, que Belgrano tomara las armas.

Hemos realizado una síntesis: San Martín es el padre de la Patria. En esa frase, en menos de 10 palabras, hemos resumido la historia de un país, de millones de hombres, de miles de ideas acerca de la patria, de que es la libertad… Y en la síntesis, en la simplificación se tuvo que sacrificar la precisión, no es posible sintetizar, resumir, sin amputar. Simplificar es tomar la decisión de qué partes quedarán fuera del cuadro y en ese trabajo necesariamente nos hemos apartado de la verdad, de la verdad plena, nos hemos quedado con porciones de la verdad, que no son la verdad misma, porque no es total.

Quién habrá sido realmente San Martin? Quién habrá sido ese hombre? Qué historia nos hubiera contado José si hubiera tenido la posibilidad? La síntesis que le aplicaron habrá sido justa? Habrá logrado resumir la esencia de ese hombre?

Mucho más difícil será responder ese tipo de preguntas si las aplicamos a un hombre que vivió unos mil ochocientos años antes que José. Un hombre que solo tuvo 3 años de vida pública.
Pero en este caso la Fe vendrá a responder a nuestras dudas. La Fe tenderá inmensos puentes antes las inestimables lagunas que separan nuestros días de aquellos 3 años en una aldea en el extremo de un imperio del que solo quedan ruinas de su capital.

Habrá sido fiel esa Fe? (esa pregunta carece de Fe…)

Y si es, por lo menos para mí, inquietante todo esto, mucho más inquietante resulta pensar en las cosas que le hemos hecho decir a San Martin, a Cristo y a tantos otros en su ausencia. Podríamos expresar, intentando ser didácticos, que hemos tomado a esos hombres primeramente para resumirlos, para deshidratarlos a su mínima expresión. Necesitamos sintetizarlos en una frase que entre en un sobre de azúcar: ama a tu prójimo como a ti mismo, serás lo que debas ser o no serás nada. Y luego, una vez puestos en un sobre, podremos hidratarlos cuando se nos dé la gana y para la comida que quisiéramos preparar. Y así San Martín o Cristo serán nuestra justificación para aplicar la tortura o liberar un continente, para las obras más honorables y los hechos más aberrantes.

A menudo me pregunto cómo ideas tan antagónicas pueden convivir en el mismo lugar. Como personas que se llaman cristianos, que dicen creer en el mismo Dios, en la misma Iglesia, en el mismo dogma, pueden tener ideas y creencias tan contradictorias?

Y sin embargo Cristo está ahí. Jesús de Nazareth es uno, uno solo. No puede estar a favor y en contra de algo al mismo tiempo. O sí?