lunes, 12 de septiembre de 2011

De hombres y deshidratación

Hace ciento noventa y cinco años José de San Martín cruzaba los Andes. Esa frase es síntesis de un concepto colectivo para los argentinos. Hemos acordado en el cruce de los Andes el símbolo de la libertad. Hemos acordado que ese hombre es la síntesis del patriota. Hemos convenido en que el cruce de los Andes fue el paso decisivo de nuestra libertad.

Pero en aquellos años la cosa no debe haber estado tan clara. Los personajes habrán sido diversos, muchos, los eventos que irían marcando el camino de la historia se habrán presentado confusos. La Primera Junta solo fue “primera” cuando hubo una segunda (como la Primera Guerra Mundial se llamó “la gran guerra” hasta que hubo una segunda), la declaración de la Independencia habrá tomado peso propio luego de que San Martín llegara a Santiago, a Lima, que O´Higgins se le acoplara, que Belgrano tomara las armas.

Hemos realizado una síntesis: San Martín es el padre de la Patria. En esa frase, en menos de 10 palabras, hemos resumido la historia de un país, de millones de hombres, de miles de ideas acerca de la patria, de que es la libertad… Y en la síntesis, en la simplificación se tuvo que sacrificar la precisión, no es posible sintetizar, resumir, sin amputar. Simplificar es tomar la decisión de qué partes quedarán fuera del cuadro y en ese trabajo necesariamente nos hemos apartado de la verdad, de la verdad plena, nos hemos quedado con porciones de la verdad, que no son la verdad misma, porque no es total.

Quién habrá sido realmente San Martin? Quién habrá sido ese hombre? Qué historia nos hubiera contado José si hubiera tenido la posibilidad? La síntesis que le aplicaron habrá sido justa? Habrá logrado resumir la esencia de ese hombre?

Mucho más difícil será responder ese tipo de preguntas si las aplicamos a un hombre que vivió unos mil ochocientos años antes que José. Un hombre que solo tuvo 3 años de vida pública.
Pero en este caso la Fe vendrá a responder a nuestras dudas. La Fe tenderá inmensos puentes antes las inestimables lagunas que separan nuestros días de aquellos 3 años en una aldea en el extremo de un imperio del que solo quedan ruinas de su capital.

Habrá sido fiel esa Fe? (esa pregunta carece de Fe…)

Y si es, por lo menos para mí, inquietante todo esto, mucho más inquietante resulta pensar en las cosas que le hemos hecho decir a San Martin, a Cristo y a tantos otros en su ausencia. Podríamos expresar, intentando ser didácticos, que hemos tomado a esos hombres primeramente para resumirlos, para deshidratarlos a su mínima expresión. Necesitamos sintetizarlos en una frase que entre en un sobre de azúcar: ama a tu prójimo como a ti mismo, serás lo que debas ser o no serás nada. Y luego, una vez puestos en un sobre, podremos hidratarlos cuando se nos dé la gana y para la comida que quisiéramos preparar. Y así San Martín o Cristo serán nuestra justificación para aplicar la tortura o liberar un continente, para las obras más honorables y los hechos más aberrantes.

A menudo me pregunto cómo ideas tan antagónicas pueden convivir en el mismo lugar. Como personas que se llaman cristianos, que dicen creer en el mismo Dios, en la misma Iglesia, en el mismo dogma, pueden tener ideas y creencias tan contradictorias?

Y sin embargo Cristo está ahí. Jesús de Nazareth es uno, uno solo. No puede estar a favor y en contra de algo al mismo tiempo. O sí?

1 comentario:

  1. Nunca voy a dejar de admirarte (y de agradecerte porque tambien me llevas a mi) en tu busqueda de LA VERDAD. Hay que ser muy valiente para eso.

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